BERT SHEPPARD Y SU GRAN HAZAÑA
Por: Angel Torres
El pasado lunes 16 de junio de 2008, falleció a los 87 años de edad, el ex serpentinero zurdo Bert Shepard, en un asilo de ancianos situado en Highland, Condado de San Bernardino.
Si retrocedemos en la máquina del tiempo al 4 de agosto de 1945, veremos que los Medias Rojas de Boston, anotaron 12 carreras en la cuarta entrada, contra los Senadores de Washington rumbo a un triunfo de 14-2.
Igualmente podremos constatar que el último out del encuentro en el noveno episodio, lo realizó un lanzador del brazo equivocado de los Capitalinos de nombre Bert Shepard, quien permitió solamente una anotación, tres hits, una base por bolas y dos ponches en 5 1/3 capítulos, que colocó su promedio de carreras limpias en 1.69. Para todos resultó un hecho histórico, el hecho de dejar como la sota de bastos a George “Catfish” Metkovich, que fue el primer bateador a quien se enfrentó con las bases llenas, para cerrar el cuarto capítulo.
Sin embargo el “box score” no señaló que el serpentinero tenía solamente una pierna.
“No tenía mi pierna derecha y yo lanzaba del lado izquierdo”, recordó Shepard en una ocasión.
“Todo el poder radicaba en mi pierna izquierda”. “Esa es la razón, por la cual el jonronero Mel Ott, pudo batear 511 cuadrangulares sin usar su pierna derecha, la que levantaba a la hora de pegarle a la pelota. Yo podía tirar, correr, deslizarme, lanzar y jugar la primera base”.
Para Shepard, que solamente participó en ese desafío en las Ligas Mayores, lo que hizo fue algo especial. Se sintió emocionado de haber tenido la oportunidad, aun cuando los Medias Rojas no tenían a Ted Williams y otras estrellas en la alineación, a causa de la Segunda Guerra Mundial. Y como los Senadores se mantuvieron en la pelea por el gallardete durante toda la temporada, no culpó al dirigente Ossie Bluege, por no utilizarlo nuevamente en el montículo y es que él se sentía afortunado por permanecer aunque fuera en el banco, con un equipo de Grandes Ligas y sobre todo por estar vivo. Les explicaré:
El año anterior era un primer teniente del grupo del escuadrón aéreo 55 de Estados Unidos en Alemania y as del equipo de béisbol dentro de las Fuerzas Armadas. Cuando salió a volar en su misión de combate número 33, solamente pensaba que ese día, 21 de mayo de 1944, sería el día inaugural del campeonato y que él le tocaba lanzar.
La fatalidad se interpuso en su camino, cuando su avión P-38 fue derribado por el intenso fuego antiaéreo enemigo. Cuando despertó, se enteró que se encontraba en un hospital alemán al norte de Berlín y que había perdido una pierna por debajo de la rodilla. Mientras estuvo en el campamento de prisioneros, le pusieron una pierna artificial mal acabada, que le fue hecha por un prisionero canadiense. Shepard practicó el caminar con ella y mantuvo la tonalidad de sus músculos.
En febrero de 1945, los alemanes lo liberaron del Stalag IX-C, como parte de un intercambio de prisioneros y fue de inmediato enviado al Hospital Walter Reed de Washington D.C. Allí lo visitó un funcionario el gobierno de nombre Robert Patterson, a quien le informó que como ya no podía pilotear más aviones, le gustaría jugar nuevamente béisbol, lo que había hecho anteriormente en las Ligas Menores.
Como resultado de su petición, el propietario de los Senadores Clark Griffith, lo invitó al campo de entrenamiento de la novena el 14 de marzo. Al respecto Shepard recordó que lo pusieron a lanzar en las prácticas de bateo y que podía moverse alrededor de la lomita con verdadera naturalidad. En menos de dos horas, se convirtió en el centro de atención y tenía a más de 25 periodistas a su alrededor. En realidad había llegado al equipo en calidad de entrenador, pero cuando le brindaron la oportunidad de lanzar frente a los Dodgers de Brooklyn en un partido de exhibición, los blanqueó durante cuatro episodios, perdiendo solamente cinco hits.
Tras demostrar su calidad, se mantuvo todo el año con el conjunto, pero los Senadores contaban con un buen número de lanzadores, incluyendo al venezolano Alejandro “Patón” Carrasquel y a los cubanos Santiaguito Ulrich y Armando Roche. En 1946 fue enviado a las Menores, donde terminó la campaña con récord de 2-2, sorprendiendo inclusive a la oposición, cuando en uno de los desafíos, anotó desde segunda base con un sencillo al jardín izquierdo.
Pero no todo fue bueno para su salud, porque al finalizar el año, necesitó cuidado especial para su pierna, sometiéndose a una operación que resultó ser un verdadero fracaso, ocurriendo lo mismo con las cuatro siguientes, evaporándose como por encanto, su deseo de regresar a las Grandes Ligas.
A pesar de su angustiosa situación, no se acobardó y continuó lanzando en los circuitos menores y como serpentinero de prácticas de los Yanquis de Nueva York. Tuvo la satisfacción de ser invitado como atracción especial, a recorrer el país con el Equipo Todos Estrellas de la Liga Americana junto a Allie Reynolds, Phil Rizzuto y Bobo Newsom.
En uno de los partidos contra las Estrellas de Bob Feller en Seattle, le bateó de 2-1 al Meteoro y de 2-1 a Johnny Sain.
Uno de los momentos más jocosos de su vida, se presentó cuando conoció a Yogi Berra. Shepard no tenía puesta la pierna artificial y estaba hablando con el tercera base de los Yanquis, Bobby Brown, quien posteriormente se convertiría en el presidente de la Liga Americana, cuando llegó Berra. Brown le informó quien era él y entonces Yogi replicó: “Me acuerdo de ti. Es una lástima que hayas perdido una pierna, porque si la tuvieras, serías mejor pitcher que ahora que no la tienes”.
Shepard se casó en 1953 y su esposa Betty, de la cual se divorció hace unos cuantos años, lo hizo padre en cuatro oportunidades diferentes, incluyendo la friolera de nueve nietos.
Se mantuvo activo después de su carrera como pelotero, jugando golf, trabajando como vendedor de máquinas IBM y en la construcción durante varios años. Con menos que su problema, hay muchos descarados que se van a vivir del welfare.
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